Estupefacto quedé al escuchar al Registrador Nacional afirmar que si en el
formulario E-14 quedan casillas en blanco, porque no se llega a las decenas o
centenas, “eso se deja así”, que no hay problema alguno, y lo peor, así se está
instruyendo a los jurados. Como si Colombia fuera la catedral de la pulcritud
electoral.
En cualquier democracia seria, cada espacio en un documento electoral es sagrado.
Cada casilla vacía es una invitación al riesgo, no se trata de paranoia, se trata de
memoria histórica. Porque este país ya vivió el “chocorazo” de 1970, cuando en las
elecciones presidenciales fue declarado ganador Misael Pastrana, en medio de
denuncias de fraude que afectaron a Gustavo Rojas Pinilla. Ese episodio fracturó la
confianza institucional y dejó una falsa cicatriz política que aún supura.
Otro negro ejemplo, cuando en 2014 el Consejo de Estado ordenó devolver tres
curules al partido político MIRA tras comprobar destrucción de material electoral,
inconsistencias entre los formularios E-14 y E-24 y sabotaje al software de
escrutinio.
Dieciséis mil votos reaparecieron después de haber sido evaporados del
sistema.
Así mismo ha existido la llamada “mancha espejo”, lapiceros cuya tinta no secaba
o se desvanecía, fenómeno corroborado judicialmente. Y más reciente, en 2022 el
Pacto Histórico denunció la desaparición de cerca de 500 mil votos en el preconteo
electoral, que luego aparecieron, alterando la distribución de curules.
Ese es el contexto. No estamos en Suiza. Estamos en Colombia.
Por eso resulta inquietante, cuando menos, que el Registrador minimice lo peligroso
de dejar casillas en blanco en un documento tan sensible como el E-14. En materia
electoral, los vacíos no son detalles técnicos, son grietas por donde se cuelan los
“tongos”.
Más grave aún, cuando el software del conteo, que es asunto de seguridad nacional,
ha sido tercerizado. ¿Blindaje? La confianza no se decreta, se construye con
controles férreos, trazabilidad absoluta y cero espacios grises.
Aquí solo caben dos hipótesis, o el Registrador peca de ingenuo en un país con
antecedentes probados de trampas electorales, o está preparando el terreno
discursivo para justificar lo injustificable cuando estalle el escándalo, porque no hay
que olvidar que proviene de un partido de la oposición y elegido por los
representantes de las altas cortes que le han derogado importantes cambios al
gobierno. En democracia, la forma es fondo. Y una casilla en blanco puede ser el
principio de otro fraude. Es mejor prevenir que lamentar y que los jurados no dejen
casillas en blanco.