Una de las cosas que más me ha generado curiosidad de
esta contienda electoral para la Presidencia, es ese ademán repetitivo, y por
mucho exagerado, donde los seguidores del candidato Abelardo ubican su mano en
la frente al estilo militar, para bajarla de un zarpazo gritando “¡Firmes por
la patria!”.
Todo el show mediático que se ha orquestado alrededor
de esta figura me ha llevado a pensar en dos asuntos: lo primero es la perfecta
similitud y aplicación de varios de los principios empleados por Joseph
Goebbels en el III Reich, el temido Ministro de Propaganda Nazi; y lo segundo,
la banalización y vulgarización del concepto “Patria”, también contemplado en
la estrategia propagandística de Goebbels.
En cuanto a lo primero, el Principio de Orquestación
plantea: “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y
repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas,
pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto”. Hoy todo aquel que
apoye esta candidatura, grita hasta al cansancio la frase ya posicionada, pero
no se escucha nada sobre esa “Patria” y sobre qué es estar “Firme” por ella;
una vacuidad que produce escalofríos.
Ahora, el Principio de Vulgarización establece que “Toda
propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los
individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer,
más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar.” La Patria es un
concepto tan amplio que integra aspectos sobre la nación, el territorio, la identidad,
las instituciones, las normas y la multiculturalidad de un país; pero esta
campaña ha sabido relativizarlo a tal punto, que una persona que nunca estuvo
al servicio del país –y que antes bien, en su calidad de abogado, defendió
personajes tan cuestionados como Alex Saab, Jorge Visbal, los Nule y Mancuso,
quienes han sido protagonistas de casos de corrupción y/o paramilitarismo– hoy
funge como salvador de una Patria, que ni entiende y ni ha defendido a lo largo
de su vida.
La construcción de la Patria o de
una Nación, es trabajo colectivo y lleva años, implica un reconocimiento de la
diversidad poblacional y cultural, una reparación a nuestros conflictos
históricos y un diálogo nacional entre los distintos sectores sociales y
políticos que configuran el país. Pretender que eso lo logra una persona, en un
período de 4 años, raya en el embuste y la megalomanía.