Los días 24 y 25 de diciembre del 2025 nos recordaron la inclemencia
del Río Tuluá y la insuficiencia institucional del municipio quien no ha
implementado una estrategia clara y responsable frente al manejo de la cuenca
hidrográfica del mismo. La prueba más fehaciente de ello es que históricamente
el río se ha desbordado e inundado los barrios ribereños del centro de la
ciudad.
El Río Tuluá debe ser visto de una manera diferente para que las
acciones que se hagan alrededor de él sean también distintas. Es nuestra fuente
principal de vida: nos suministra agua, conserva nuestra biodiversidad,
fortalece la economía y el sustento de muchas familias; de tal manera que el
ordenamiento territorial de Tuluá debe ser alrededor del agua, alrededor de las
fuentes hídricas y las cuencas de los tres grandes ríos que nos abastecen: Tuluá,
Bugalagrande y Morales.
Esta mirada no propone romantizar ni negar la capacidad de daño que
tiene el río en sus crecidas para las épocas de invierno; es trasladar la
responsabilidad a las innumerables administraciones locales que han gobernado
los últimos años Tuluá, sin plantear una apuesta estructural para el manejo de
la cuenca y la mitigación del riesgo, a pesar de que ya existen instrumentos
(que requieren ser actualizados) como el POT y el POMCA que advierten sobre esto.
Para el año 2007, la CVC con el acompañamiento de GAIACOL realizó la
“Evaluación del área susceptible de inundación en la parte media y baja de la
cuenca del río Tuluá”, mediante modelación con HEC-HMS y HEC-RAS, estimando
crecientes entre 152 y 510,5 m³/s según períodos de retorno de 5 a 100 años,
sin incorporar escenarios de cambio climático. En dicho estudio se estimaron
crecientes comprendidas entre 152 y 510,5 m³/s para la cuenca del río Tuluá,
asociadas a distintos períodos de retorno bajo condiciones hidrometeorológicas
normales, así: 152 m³/s (5 años), 205,6 m³/s (10 años), 298,3 m³/s (25 años),
391 m³/s (50 años) y 510,5 m³/s (100 años).
Lo primordial es identificar elementos estructurales como la erosión
de la tierra en la alta montaña, el impacto de las centrales hidroeléctricas en
el comportamiento del río, los excesivos volúmenes de material pétreo y la
subsiguiente colmatación, entre otros, para atender estos factores, previniendo
riesgos y salvando vidas… ya luego podemos pensarnos la integración del río a
la dinámica social y económica desde un abordaje ambiental, cultural y
turístico, que le otorgue el papel preponderante del río como principal fuente
de vida de la ciudadanía tulueña, y no el trato indigno que ha recibido, desde
el peligro y el ostracismo urbano.