La ausencia de Italia en el Mundial 2026 marca otro capítulo oscuro en una historia que alguna vez fue dorada. Cuatro veces campeona del mundo, la ‘Azzurra’ suma su tercera eliminación consecutiva (tras 2018 y 2022), confirmando una crisis profunda que ya no se puede maquillar.
Pero el impacto va más allá de lo deportivo. Según reveló La Gazzetta dello Sport, la FIGC dejará de recibir cerca de 30 millones de euros, una cifra que refleja la magnitud del fracaso en el fútbol moderno.
Gran parte de estas pérdidas corresponden a los ingresos directos que entrega la FIFA a las selecciones clasificadas, incluyendo premios por participación y bonificaciones por rendimiento. Al no estar en la Copa del Mundo, Italia queda automáticamente fuera de ese circuito económico que hoy sostiene gran parte de las finanzas del fútbol internacional.
A esto se suman los contratos comerciales. Muchos patrocinadores incluyen cláusulas de rendimiento que reducen significativamente los pagos si la selección no clasifica al Mundial, lo que agrava aún más el panorama económico para la federación.
El golpe, entonces, es doble: se pierde prestigio en la cancha y dinero fuera de ella. Italia, que alguna vez dictó cátedra en el fútbol mundial, hoy enfrenta una reconstrucción urgente, tanto en lo deportivo como en lo institucional.
Porque en el fútbol actual, no ir al Mundial no solo duele… también cuesta. Y caro.


