El 1-0 conseguido en territorio venezolano —con gol de Kelvin Flórez— dejó al equipo colombiano con ventaja, pero no con tranquilidad. En torneos internacionales, cada minuto se juega como si fuera el último.
Una ida con identidad
Más allá del resultado, Tolima mostró argumentos sólidos en la ida:
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62% de posesión como visitante, señal de autoridad.
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Cinco remates al arco que evidenciaron ambición ofensiva.
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Un mediocampo activo y recuperador, con protagonismo de Adalberto Peñaranda en la gestión del balón.
El equipo supo administrar los tiempos: aceleró cuando encontró espacios y bajó revoluciones cuando el partido lo exigió. Inteligencia competitiva, palabra clave en este tipo de series.
En casa, otra historia
Ahora la escena cambia. En Ibagué, con su gente y la presión natural de cerrar la clasificación, el reto será sostener la ventaja sin renunciar al ataque. La Libertadores no premia la especulación excesiva, pero tampoco perdona la imprudencia.
Tolima sabe que no solo defiende un resultado: defiende un proyecto internacional, la continuidad en el torneo y el prestigio del fútbol colombiano en el continente.
En el Murillo Toro no se jugará únicamente un partido.
Se disputará la posibilidad de seguir escribiendo historia.
La ilusión está viva. Y en noches así, Ibagué late más fuerte que nunca.


