El pasado martes, en la carrera octava entre calles 16 y 16A, un adulto mayor fue arrollado por un joven motociclista en circunstancias que hoy enlutan a toda una comunidad. La víctima, identificada como Abelardo Barahona Potes, fue auxiliada de inmediato y trasladada al cercano Hospital San José, donde, pese a los esfuerzos médicos, falleció.
El hecho no solo deja dolor, también una reflexión urgente. Las vías no son territorio de velocidad ni de descuido; son espacios donde cada segundo cuenta y cada decisión puede marcar la diferencia entre la vida y la tragedia.
Este episodio revive una realidad que golpea en silencio: el irrespeto por el peatón y la imprudencia al volante. Excesos de velocidad, falta de atención y decisiones apresuradas siguen cobrando vidas en nuestras calles.
Pero la responsabilidad es compartida. Así como los conductores deben moderar su velocidad y respetar las normas, los peatones también están llamados a cruzar con precaución, atentos al ritmo de una ciudad que no siempre perdona errores.
Hoy, más que una noticia, queda un llamado: bajar la velocidad, subir la conciencia… y entender que en la vía, todos somos vulnerables.


